Navarra. Valles navarros, la cara frondosa de Los Pirineos

El colosal macizo de los Pirineos, con 435 km. de distancia, además de ser una potente barrera que obliga un trazado complejo de cualquiera de sus rutas hacia el norte, nos tienta recorrerlo de este a oeste emulando las clásicas “Rutas dos Mares” y desenmascarar cada cara pirenaica. Por un lado, los valles catalanes, de clara influencia mediterránea, piedra seca y altiva del pirineo oscense. Por otro, la frondosidad del paisaje navarro. Hoy viajaremos por su ladera más fresca, que va desde el Roncal –primer valle oriental– hasta el Bidasoa, pegado al mar Cantábrico, el verde intenso y la humedad asociada a la proximidad del mar nos incita a recorrer un valle tras otro.

El comienzo de nuestra ruta lo ponemos en Pamplona, capital Navarra donde tendremos el hotel base de la ruta, llamado Hotel Pamplona El Toro Hotel & Spa un lugar con gran encanto del club hotelero ruralka. El de estilo rústico provenzal está cuidado al más mínimo detalle y con minuciosidad. Las sábanas, la decoración, cada habitación, cada servicio, cada salón, cada plato...y es que en el restaurante del hotel podrás degustar la mejor gastronomía local de la mano de David Yárnoz, uno de los poquísimos cocineros con estrella michelín en Navarra. Volveremos en el final de ruta a descansar.

Emprendemos la ruta hacia el sur, vamos a Olite, uno de los pueblos con más encanto de la zona, cabe destacar las visitas al Palacio Real de Olite, Iglesia de Santa Maria la Real, Castillo de Olite etc monumentos espectaculares que merece la pena conocer en nuestro paso por la comarca. 

Seguimos la ruta Leyre, que guarda las primeras referencias históricas de Navarra. Dejando de espaldas el Pantano de Yesa, aguas abajo del río Aragón buscamos su entronque con el rio Esca. Tomando ya la preciosa carretera que sigue su curso, nos adentramos en el valle del Roncal, repleto de pueblos que siguen aferrados a la tradición del cuidado de sus pastos y el ganado. Pasamos por sitios tan típicos como Sigües, Burgui o Roncal. Al fondo del valle, bien arriba, hay que descubrir el rincón de Belagua, un minúsculo valle glaciar con un estrecho acceso, para después ensancharse en un increíble paisaje esmeralda. Para llegar hasta aquí se accede desde Isaba por una carretera que conduce hasta la Piedra de San Martín, una zona donde se hallan las mayores cavernas del mundo, con sus 1.340 m. de profundidad. 

Desde esta esquina se vislumbra el verde –o rojizo en otoño– de la selva de Irati, lo que nos anima a saltar al valle de Aezkoa –no sin antes llevarnos en la mochila un queso del Roncal de recuerdo–. Ser una zona prácticamente inaccesible explica tal densidad de hayas, abetos y cientos de especies vegetales.  El río Irati atraviesa su umbría y tras drenar el pantano de Irabia se descuelga por el valle y riega un sinfín de pequeñas aldeas: Abaurrea, Hiriberri, Garaioa, Orbaitzeta... Sus aguas penetran cañones, como la foz de Gaztelu que se salva por un espectacular puente colgante o la de Iñarbe, cerca de Oroz-Betelu. Pero el cañón más espectacular del Irati es la Foz de Lumbier, casi en la desembocadura del río Aragón. Es una garganta estrecha y pequeña de 1.300 metros de longitud y en cuyas paredes verticales viven grandes rapaces, y también zorros, jabalíes y tejones. Por aquí pasa el Camino de Santiago, lo que nos recuerda la importancia de Navarra en la ruta jacobea., ya que por uno de sus pasos pirenaicos, el de Ibañeta, introduce en España el ramal más conocido, el Camino Francés. Rebasado este puerto, los peregrinos divisaban por primera vez la tierra donde reposaban los restos del apóstol Santiago. En Roncesvalles, su colegiata es considerada la primera muestra del arte gótico en suelo español e imitación de la catedral parisina de Nôtre Dame. 

Desde Roncesvalles hay indicaciones hacia uno de los tramos más bonitos del Camino de Santiago. La flecha amarilla nos hace pasar por Aurita para continuar después hacia el alto de Mezkiritz, y seguidamente adentrarse en le bosque de Erro, quizás la zona más insólita con la que puedan encontrarse los peregrinos –y temida por los primeros devotos del apóstol por cobijar maleantes–. Un auténtico bosque de cuento, surcado por un camino errático entre robles, tejos y abedules centenarios, que se conserva intacto desde aquellos tiempos. Como para perdérselo.

Tras Erro, el camino va hacia Zubiri y Larrasoaña en dirección a Pamplona. Pero no debemos obviar otro precioso enclave: El Valle del Baztán. Atravesando la estrecha carretera de Urtasun N 138, alcanzamos la N121A, que en dirección norte nos llevará hasta Elizondo. Esta bella población es la que quizás concentra lo más simbólico del paisaje navarro: La fortaleza de sus pétreos caseríos centenarios. Su parque del Señorío de Bertiz y castillo son igualmente indispensables de visitar y, ya que estamos, Elizondo puede ser buen lugar para conocer la gastronomía navarra, en especial su repostería y buen chocolate. También destacan la caza, el cordero asado a la brasa, la chuleta de ternera, el salmón del Bidasoa, el txuri ta beltz (la morcilla típica de Navarra), los hongos y setas, el paté, los licores con el pacharán a la cabeza, el queso y la cuajada. Si queremos degustar algo típico, los canutillos de Sumbilla y los Piperropiles. 

Mención especial merece Irurita, donde sus palacios y sus casas blasonadas casi superan al caserío tradicional. 

Una vez acomodados, quizás podamos aprovechar las últimas horas del día para encarar un nuevo puerto, el puerto de Otxondo, que tras coronarlo continuamos desviándonos a la izquierda por la NA- 2.655 para ascender hacia el pico Gorramakil. Un tramo de increíbles paisajes de mar de montañas. Volviendo a la N 121, Dantxarinea pone fin a nuestra ruta. A pocos minutos de la localidad, nos aguarda el misterio de las cuevas en Zugarramurdi, conocida por ser lugar de celebración de los míticos "akelarres" o reuniones de brujas. Conoceremos historias de brujería y demonios, cuando en el siglo XVI fueron ajusticiadas por la Inquisición 40 vecinas, 12 de ellas castigadas en la hoguera. Curiosamente iniciamos este viaje rindiendo culto a Dios, a su apóstol Santiago, y se nos termina en su cara completamente opuesta. Está demostrado que Navarra tiene mucho mundo por descubrir bajo su frondosa espesura.

La ruta termina en Pamplona de nuevo, descansando plácidamente en el Hotel Pamplona El Toro Hotel & Spa ¡un lujo para los sentidos!

RUTAS PARCIALES:

Pamplona - Olite 53 km Olite - Monasterio de Leyre 54 km Monasterio de Leyre - Isaba 55 km Isaba - Ochagavía 23 km Ochagavía - Orbaiceta 32 km Orbaiceta - Roncesvalles 20 km Roncesvalles - Erro 16 km Erro - Elizondo 55 km Elizondo - Pamplona 55 km

RUTA TOTAL:

364 Km

DURACIÓN:

7 Horas con paradas

PUNTOS DE CARGA CERCANOS:

- E.S. Aralar Soto JUAN PABLO II 4, 31006 NAVARRA PAMPLONA - Restaurante Baratze - Camping Urrobi Calle Alto del Molino, 5A, 31694 Espinal, Navarra, España - E.S. ZUASTI-IZA Repsol, 31892 Iza, Navarra

PUNTOS DE INTERÉS:

Monasterio de Leyre, valle del Roncal, Belagua y Salazar, selva de Irati (especialmente en otoño), foces de Gaztelu, Iñarbe y Lumbier, entorno kárstico de Piedra de San Martín, caserío de Elizondo, señorío de Bertiz, cuevas de Zugarramurdi, Etxalar en el valle del Bidasoa.

HOTELES RURALKA RECOMENDADOS:

Pamplona El Toro Hotel & Spa, Pamplona

RESTAURANTES CERCANOS:

Restaurante Santxotena y pastelería Malkorra en Elizondo, Asador Aritza en Burguete.

RUTÓMETRO:

Pamplona- Olite - Monasterio de Leyre - Isaba - Ochagavía -Orbaiceta - Roncesvalles - Erro - Elizondo - Pamplona

Mapa de ruta


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